La mujer no paró de gritar en cuatro largas horas, parecía que iba a reventar ahí mismo. La puerta del quirófano se abrió y la doctora me hizo señas para que entrase.
Apenas logré entrar cuando ví a dos enfermeras frotándose la cara y las manos efusivamente junto a la mujer que acababa de parir, vencida sobre la cama y envuelta en su propia sangre. De repente la doctora se interpuso en mi vista y me entregó algo envuelto en una manta del Hospital diciéndome nerviosa que lo bajara rápido a la sala de reuniones del departamento.
Desde el primer momento supe que lo que me había entregado era un recién nacido que había fallecido durante el parto, sin embargo este no era de ninguna manera el protocolo a seguir en estos casos, ¡yo sólo soy un celador del Hospital!
No me pude reprimir las ganas de entrar en una de las consultas que a esas horas estaban vacías para averiguar qué era lo que realmente me había entregado.
Cuando abrí las sábanas enseguida me arrepentí de haberlo hecho; era un bebé muerto, si, pero con el cráneo completamente deformado y las órbitas de los ojos terriblemente pronunciadas. Sentí lástima por la criatura pero a la misma vez un profundo asco por el hedor que despedía, supuraba aún muerto una especie de grasa transparente que se hacía insoportable respirar.
Lo envolví de nuevo y casi corriendo lo bajé hasta la sala de reuniones. Al abrir la puerta me recibió el mismísimo director del Hospital y tres doctores más que efusivamente me arrebataron la criatura y la posaron sobre el escritorio mientras se asombraban por la deformación que presentaba.
Tras unas preguntas a modo de interrogatorio me dijeron que ya podía marcharme, y sin pensármelo demasiado abandoné la sala.
Al cerrar la puerta escuché claramente como uno de los doctores exclamó:
- ¡Hay comida!
La noticia me llegó y aunque no me lo esperaba hice como si no me importase. Nunca pensé que fueras capaz, siempre creí que te había traumatizado y que jamás lo volverías a pensar en ello, pero el asunto es que en breve te vas a casar. Te miento si digo que no me ha molestado y aunque se que puedes hacer lo que quieras, te repito que de esto no te veía capaz. Al fin y al cabo eres un gusano más que viene a devorar el cadáver de mi orgullo, y el asunto no es tan sencillo de olvidar. Durante más de un año te di de comer manjares y te vestí con las mejores sedas, tu misma me dijiste que no habías vivido mejor en toda tu vida. A cambio recibí de ti piojos y liendres que eran testigos de nuestro idilio, pero mi ira se te hizo insoportable un día y por eso preferiste volver a tu bola de inmundicia.
Entre tanto, me agradaba saber que mi sombra aun deambulaba después de estos años por los pasillos de tu casa provocando tormentos, y hasta ahora tenía fe de que eso bastaría para impedir que resolvieras tu vida.
No vas a poder evitarlo, cuando te veas probándote el traje de novia en el reflejo del cristal de tus pensamientos, ahí estaré. En la noche antes de tu boda cuando los nervios hagan de ti su presa y no puedas dormir, asaltaré hasta el último rincón de tu calma y oprimiendo la culpa sobre tu pecho, ahí estaré. En el cortejo, cuando suene la marcha nupcial te verás rodeada de gente y atormentándote en un pensamiento, ahí estaré. Tendrás que dar una respuesta que certifique el cambio de tu vida, pero antes que puedas pronunciar una palabra entorpeciendo tu decisión, ahí estaré. En cada noche que pases y en cada beso que des, secreto y esperando el desquite, sabes que ahí estaré.
Tan sólo espero que revientes por dentro.
Cuando te ví sola, comiendo morcón en la mesa de aquel sucio bar, un astro se perdió en el universo de la pringacha... me había enamorado de tí.
Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón Morcón
Tras casi 3 meses de perpetuo silencio, el blog de Bahngalion vuelve a estar en funcionamiento. El blog no estaba muerto, simpre ha olido así.
* SPAGUETTIS AL PROMISCUO *
Este divertido plato convertirá el almuerzo, en la hora más morbosa del día.
Ingredientes:
(Para 4 personas)
-200 kg. de spaguettis.
-Mantequilla de uñas.
-15 kg. de harina para rebozar.
-Un cerdo adulto totalmente picado.
-10 litros de agua.
-4 litros de aceite de motor.
-Un promiscuo joven de 65 a 80 kg.
-Una pizca de sal.
Elaboración:
En primer lugar, con el cerdo totalmente picado, haremos unas 95 ó 100 albóndigas, rebozándolas en la harina, y las freiremos en el aceite de motor hasta que se doren por completo. Las retiramos de la sartén y le añadimos la sal.
A continuación, arrancamos las glándulas sudoríparas y la bilis del cuerpo del promiscuo, sin que sufra ningún desgarro en el torso . Para extirpar con éxito, podemos recurrir a utensilios y técnicas propias de la momificación andina de Chichiloco.
Una vez limpio el promiscuo, lo pasamos por la plancha vuelta y vuelta, y lo retiramos antes de que las quemaduras formen costra en la piel.
Ponemos a hervir los 10 litros de agua, le añadimos la mantequilla de uñas y dejamos que se disuelva de forma heterogénea. Vertimos los 200 kilos de spaguettis, y los cocemos durante 15 minutos aproximadamente, y cuando la pasta esté al dente, la dejamos escurrir.
Por último, y con la ayuda de alguna espátula o remo, introducimos por la boca del promiscuo los spaguettis y las albóndigas hasta que quede completamente rellenado y rebosante.
Servir en frío.
Resultado:
Spaguettis al promiscuo
Foto: stanford.edu
B.Bahngalion
En los primeros años de noviazgo, él era bastante atento conmigo: todos los viernes me traía flores a la salida de mi trabajo. Yo me sentía la mujer más feliz del mundo por el simple hecho de estar a su lado.
Juntos, paseábamos abrazados por el parque, compartíamos aficiones, nos dejábamos llevar por la pasión de cada momento…
Dimos un paso más en nuestra relación, y así conocí a su familia, que me aceptaron como a una más.
Estábamos hechos el uno para el otro, y fue por eso por lo que decidimos casarnos, y unir nuestras vidas para siempre.
En el día de nuestra boda, mientras comíamos de la tarta nupcial, me dijo bajo la sombra de un gran olivo:
-¿Recuerdas las flores que te llevaba cada viernes a la salida de tu trabajo? -
-¡Si!- contesté ilusionada.
-Bien, pues esas flores antes de estar en tus manos, estuvieron en el cementerio del pueblo. Las robaba de las tumbas, y te las llevaba. Así he logrado que te cases conmigo.-
Como siempre hacía bromas de ese tipo, nunca llegué a prestar demasiada atención a las cosas que decía, hasta que un domingo por la mañana, me hizo cavar un hoyo en el jardín trasero, lo suficientemente grande como para que cupiese una persona. Le pregunté por qué me hacía trabajar de esa manera, y contestó que le resultaba bastante curioso verme cavar la fosa donde ocultaría mi cadáver una vez que me matase.
Siempre supe que sus bromas, tarde o temprano se harían realidad. Lo que nunca sospeché es que su primera víctima fuese una compañera de su trabajo, y no yo.
Una tarde, al regresar del trabajo, encontré a una joven desconocida, morena y gordita, acostada sobre la alfombra del pasillo. Él me dijo que se trataba de Clotilde Berral, una compañera de su oficina, que se desmayó justo cuando pasaba por la puerta de casa, y decidió entrarla.
Sabía que estaba mintiendo, pero la chica permanecía dormida.
Tras unas horas, me acerqué a ella para despertarla, pero al cogerla de la mano, noté que los músculos de su cuerpo estaban totalmente rígidos, y su pulso, no latía. La chica estaba muerta. Empecé a gritarle y a llamarlo asesino, pero en su defensa, sólo alegaba que ya estaba así cuando la encontró.
Convivimos con el cadáver de la chica alrededor de 3 años. En los primeros días de la putrefacción, el olor a muerto se hacía insoportable, por lo que mi marido sometió al fiambre a un proceso embalsamamiento, del cual tenía grandes conocimientos, basado en algodón aromático y lociones.
El tiempo pasaba y la insensibilidad a lo sucedido me iba embargando al vivir con una muerta. Finalmente colocamos el cuerpo en el salón, al lado del televisor, como si de un trofeo de caza se tratase.
Los padres de la chica, aún hoy desconocen el paradero de su hija.
La presión de ocultar un cadáver en casa se me hacía cada vez mayor, y mi marido no cooperaba para arreglar la situación: Además de la chica, también disecó a otros nueve compañeros de su trabajo, de los que decía que ya estaban muertos cuando los encontró.
Sin darme cuenta, me había llenado la casa de oficinistas muertos y yo no podía hacer nada al respecto, por eso la otra noche, decidí poner fin a todo este asunto.
Mientras mi marido se distraía acompañado de diez personas disecadas mirando la televisión , agarré uno de los candelabros de hierro que adornan la casa, y le golpeé repetidas veces en la nuca, dejándolo inconsciente, tirado sobre el suelo ante la atenta y solemne mirada de los diez muertos que me animaban en silencio a dar muerte a su verdugo.
Lo arrastré hacia su taller de embalsamamiento, y allí con la sierra de talar, empezé a desmembrarlo, primero su brazo derecho. Cuando me disponía a cortarle el otro brazo, mi marido retomó el conocimiento e intentó golpearme con el miembro amputado, pero logré esquivar el golpe, y al fin lo hice completamente manco.
Su rostro palidecía, y sus ojos abandonaban sus órbitas. Como los alaridos se hacían cada vez más desgarradores, temí que los vecinos pudiesen escuchar algo, así que pasé la cortadora por su cuello, separándole la cabeza del tronco.
Una vez que troceé totalmente el cuerpo, lo llevé a la cocina, y lo pasé por la máquina picadora. En menos de una hora, mi marido se había convertido en carne picada, y tan sólo quedaban intactos los riñones.
Vertí la carne y los riñones enteros en un recipiente, añadí el cebollino, puse 9 lonchas de queso, y lo metí en el horno durante 20 minutos a 200º c.
Creo que la carne y los riñones, aún estaban algo crudos, pero sabiendo que era su plato favorito, llevé el pastel a los padres de mi marido y mientras comían de él, les conté todo lo que pasó.
Entre arcadas, salieron corriendo hacia el baño, empujándose para ver quién llegaba primero.
-“Ellos son los únicos culpables de su existencia”-, me dije, mientras masticaba alegremente un pellizco de uno de los riñones de mi marido.
Definitivamente, la carne estaba un poco cruda.
Gracias a todos aquellos que prestaron atención a éste blog. A todos les pido perdón por mi alejamiento del medio, y esque por cuestiones de trabajo, así como buscándole un sinsentido a mi vida, hace casi un mes que no escribo nada en este blog.
Como muestra de agradecimiento, y como acto para limpiar mi conciencia ante ustedes, les dejo con ésta nueva sección llamada "MUNDOMORBOSO", en la cual quiero mostrar al mundo, cómo no existe nada más morboso que un gabinete de prensa, recopilando las noticias encontradas en periódicos de ayer y de hoy.
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ALICANTE (España)
Niega haberse comido a su novia.
-El ciudadano británico Paul D., acusado de matar y descuartizar a su novia hace tres años en Calpe, confesó ayer en la Audiencia de Alicante que acabó con la vida de la mujer, aunque aseguró que después no se deshizo del cuerpo comiéndoselo con guarnición de chucrut, como había manifestado tiempo atras un diario inglés. /
Fuente: E.PRESS. Viernes 09 Noviembre de 2007
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Era viernes y estaba loco. Al principio, pensé en una noche tranquila y breve, ya que no me interesaba demasiado la compañía. Asmodei, pronunció la palabra mágica que me humilla, y despavorido, mientras todos se reían de mí, huí sin mirar atrás, subí a mi coche e hice como si no hubiera pasado nada, mirándome en el espejo retrovisor interno. Con una mirada, me intenté auto-seducir, mientras poco a poco las ruedas del coche empezaban a girar. Primero hacia atrás, después hacia delante.
A partir de este nuevo episodio de vergüenza, la impulsiva necesidad de tocar fondo traza un plan dentro de mi mente, y decido recorrer la ciudad con mi coche en busca de aventuras o situaciones de máximo riesgo. En la ciudad ya no hay nadie, por lo que me desvío hacia la zona residencial más tranquila y alejada, pero tampoco encuentro nada, y esa frustración me provoca un ataque de morbo en el cual me veo obligado a forzar mi ansiada situación escabrosa.
Busco un poco entre las sombras de las calles más oscuras y encuentro a la víctima: un hombre de unos 68 años de edad, con el pelo blanco y desarrollada calvicie. Tiene rasgos nórdicos y se dispone a llenar el contenedor con su basura, acompañado de su perro, un can de raza pequeña, el cual no supone ningún problema para la realización de mis fechorías. El hombre se sorprende de la manera tan sigilosa con la que abordo su retaguardia, y cuando gira su cabeza, observa cómo me masturbo de manera frenética dentro de mi coche, mientras nos miramos a los ojos con diferentes expresiones: él empieza a tener miedo, y yo desencajo mi rostro. Sus ojos me dicen que ya existe una conexión entre ellos y la razón. Me voy.
Camino a casa encuentro a alguien como yo, me acerco y soy yo… me masturbo otra vez, muy poco. Rompo a llorar, miro el reloj y veo que aun es viernes y sigo estando loco.
Anoche salí a dar una vuelta con un amigo marroquí que había venido de visita a España. Estuvimos hablando de nuestras respectivas tierras y costumbres, mientras fumábamos un poco de hashish, a lo lejos, el pueblo celebraba su típica fiesta anual. Debido a la pureza de la sustancia, y a la gran cantidad ingerida (pues también tomamos unos pastelitos de majoun), el tiempo se desvaneció por un momento, y cuando retomé la consciencia ya era demasiado tarde para estar a esas horas en la calle, y tras una breve despedida, me fuí. Doy unos pasos y veo que comienza a llover.
Todo el mundo está en la calle, huyen de la lluvia, pero están borrachos y se hacen torpes a la evasión. Me fijo en un grupo de 4 hombres de unos 35-40 años de edad, que quitan la tapa a una alcantarilla y la cruzan en medio de la carretera, mientras berrean insultos y reproches.
Llego a el portal de mi casa y me abren la puerta un matrimonio. El tiene un gesto conmovido en su cara, ella se parece a Pedro Almodóvar con un vestido de noche. Por cortesía les dejo salir primero a ellos. -Muchas gracias- me dice él, con cierta desconfianza.
-Buenas noches- me dijo ella, con cierto resentimiento, pero a la vez me hizo sentir como si me fuese a acostar con ella en ese mismo momento. Fué el típico buenas noches que te dice tu novia, pero en la boca de mi vecina.
Me transportó a su cama, y allí estaba ella vestida con un camisón blanco, dándome las buenas noches con un marcado gesto de desagrado, mientras torna su cuerpo de cincuentona y se arropa con las sábanas, dejándome sólo en mis intenciones y semidesnudo contra el frío de la noche. Le toco un poco el hombro pero ella se hace la dormida...
Olvídalo.
Es gordo, no muy alto, moreno, apenas tiene 23 años y usa gafas. Si alguna vez tuvo nombre, ese fué el de Albondiguilla. Tuvo miedos a la hora de integrarse en la sociedad juvenil, fué un duro paso madurar. Estuvo rozando los límites de a decadencia, pero ahora se lo toma todo con más calma. Ahora le gusta mucho la playa y las ferias, usa palabras como "Euribor"y "qué dice el tío", conduce un Golfer azul marino mientras escucha música rock, y sale a su balcón para fumar.
Es en ese momento, cuando aprovecha para pasear su vista por los edificios colindantes con el afán de cotillear un poco sobre la vida de los moradores, y recrearse así en su involuntaria, o no, excentricidad psicológica, mientras chupa su cigarro de manera embriagadora. Mi ventana, es una de sus favoritas, o al menos eso creo, ya que en éstos últimos meses han sido muchas las ocasiones en las que lo he sorprendido mirando hacia mi balcón. Si me asomaba, él giraba su cabeza rápidamente, dejando tras de sí una estela de morbo y mediocridad, digna sólo de éste rechoncho personaje.
ALBONDIGUILLA´S BALCONY. Este es el balcón que Albondiguilla utiliza para cometer sus fechorías.
Al terminar su cigarro, vuelve a su recámara, apaga el disco de Sara Montiel y se tumba en su cama. Sueña por unos momentos con su plato favorito, las albóndigas de carne, siente hambre y se sirve un poco de cecina de buey y unos picos de pan.
Albondiguilla suele estudiar, pero pronto se cansa y cambia sus lecciones por los videos online de coches. Suena su móvil, y es su nuevo amigo, un vecino que se dedica entre otras cosas a robar gasolina de las motos o coches a través del sistema de la pajita: Han decidido salir a dar un paseo por la playa, ya es hora de conocerse mejor. Albondiguilla no le gustan las amistades esporádicas y por eso se cambia 2 veces de ropa, quiere hacer que parezca casual, algo en lo que lleva pensando en todo el día. Durante el transcurso de la cita, hay momentos en los que Albondiguilla no sabe qué decir, y se limita a escuchar pasivamente las palabras de su compañero, pero por lo general todo transcurre de manera tan amena como soez.
De su balcón cuelga una toalla a modo de señal, indicando que Albondiguilla ya está en su guarida, ¿para quién es esa señal?. Cena con sus padres y con su hermano, pregunta por el fútbol, y cuando lo sabe, va a cambiar su nick en eso de la mensajería instantánea. Pone un disco, Concha Piquer (La Piquer), agarra su paquete de cigarrillos, sale a su balcón y se pone a cotillear...
No es lo mismo ser un cotilla, que espiar a tu vecino durante un año siguiéndole los pasos, conociendo sus secretos...
¡ALBONDIGOOOOOÓN!
B. Bahngalion
Copyright 2002.
Era sábado, y yo me disponía a pasar la tarde en casa, refugiándome de la intensa lluvia que azotaba la ciudad. Después de almorzar y lavar los platos, sólo pensaba en dormir la siesta, ya que me relaja bastante el rumor de la lluvia rozando los cristales, mientras tanto, eran las 16:00 p.m.
Desperté 2 horas más tarde, debido a un fuerte golpe que provenía de la casa de mi vecino. Un poco desorientado, miré a través de la ventana para divisar qué pudo haber causado ese ruido, pero sin darle demasiada importancia, fijé mi interés en la lluvia que no cesaba, y cada vez llovía con mayor intensidad. Un frío intenso se había apoderado de la sala a través de los cristales, por lo que pensé en preparar la chimenea para entrar en calor y de paso, cocinar en ella. Saqué de un pequeño armario la leña y un encendedor, me senté frente a la chimenea y me dispuse a encender el fuego. Una vez estabilizada la llama, me dirigí a la cocina para preparar mi merienda: panecillos de molde a la brasa con un poco de foie-gras, calentitos, muy apetitosos, acompañados de un vaso de café con leche.
Puse los panecillos en la brasero que se calentaba sobre el fuego de la chimenea, y mientras se tostaban, encendí el ordenador para realizar mi hobby preferido: chatear con desconocidos.
Nuevamente, regresé a la chimenea, y los panecillos tostados ya estaban en su punto para ser untados con paté, pero antes de comerlos, fui a la cocina a por mi café.
Una vez que tenía toda mi merienda, empecé a comerla con gusto, ya que tenía bastante hambre, a la vez que ingresaba mi “nick” en el Chat “Amistad + de 30”. Decidí llamarme "Foie D´or", en honor a el foie que iba a comer.
A pesar de que comí bastantes panecillos tostados, aún me quedé con algo de gusa, pero mis ganas por chatear eran mayores que mi apetito, por lo que tomando unos sorbos de café, empecé a hablar en la sala general. Tras unos 30 minutos de conversaciones superficiales, una nueva persona, “ANADONIUM”, entra en la sala virtual, y sin demasiadas presentaciones, nos propone conversar acerca de sucesos paranormales. Los demás usuarios no estaban interesados en estos temas, pero mi curiosidad, y el ambiente tan tétrico que acontecía en mi casa, me llevó a abrir una conversación en privado con el.
-Estoy interesado en los sucesos paranormales.- a lo que él me contestó:
-A veces es peligroso sentir interés por las cosas-
Molesto por su contestación, le recriminé que él fue quien invitó en la sala general a hablar sobre los sucesos paranormales, y que no entendía su reacción. Disculpándose de manera concisa, me dijo que él sabía lo mucho que yo estaba interesado en esos temas, y que no me defraudaría. Yo no pude negar tal interés, y para aliviar de tensiones la conversación, irrumpí preguntando: - ¿Qué opinas sobre las psicoplastias?.
Su única contestación fué: - A veces las cosas no son como parecen.-
-No te entiendo – repliqué rápidamente.
-Nadie lo hace - contestó- pocos me quieren entender y los que quieren, no pueden. Es como una ventana: tal vez no puedas divisar a aquel que te ve, y que lleva días espiándote...
Como pensé que se trataba de una broma, le dije que no tenía tiempo para estupideces, y cerré la ventana de la conversación, pero al cabo de unos segundos, "ANADONIUM", reabrió la ventana y rápidamente la volvió a cerrar. Únicamente dejó escrita la siguiente frase:
-“ERES DE LOS QUE NO QUIEREN ENTENDER, PERO, CUANDO QUIERAS ENTENDER, YA SERÁ DEMASIADO TARDE…” –
Mientras leía la frase, autosugestionado, escuché un fuerte ruido desde el interior de una de las habitaciones de mi casa, más concretamente desde el corredor que da acceso al sótano, donde tengo algunas revistas y muebles antiguos. Con un poco de miedo, me dirigí armado con una vara de caña, muy fina, que saqué bruscamente del tiesto de una de las palmeras que decoran la habitación principal, y me dirigí sin contemplaciones hacia la habitación de donde emergió el ruido. – No tengo miedo.- pensé- Tal vez sólo sea el viento, o algún animal.
Abrí la puerta muy despacio, hasta que pude asomar la cabeza y contemplar qué es lo que había ocurrido: Una inmensa estantería, había caído contra el suelo, desquebrajándose por completo. Tiré la caña y me acerqué para ver mejor el desperfecto, lo que me apenó bastante, ya que se trataba una reliquia de herencia familiar. De rodillas mientras observaba las maderas rotas, paseé la mirada por el interior de la habitación, buscando al responsable de tal desastre, cuando me fijé en que una de las ventanas que da acceso al jardín, estaba completamente abierta, y posiblemente una fuerte ráfaga de viento había hecho caer la estantería. Con un poco de violencia, cerré la ventana, lo que provocó que el cristal se rompiese de manera repentina ante mi propia cara, y yo sintiera algunos cristales sobre mi cabeza.
En pleno ataque de pánico por la rapidez de lo sucedido, me dirigí hacia el lavabo, donde tengo mi botiquín de Primeros Auxilios, y al verme frente al espejo pude apreciar que apenas tenía un pequeño corte en la frente, y nada más. Me senté sobre la taza del inodoro, respirando profundamente me tranquilicé y regresé al sótano para recoger las maderas esparcidas por el suelo, y encontrar alguna solución para el cristal roto. Una vez apiladas las maderas, pensé en utilizarlas como leña, y agarrando un trozo de tantos, me dirigí hacia el salón, me puse frente a la chimenea y comprobé el estado del fuego, que estaba muy vivo: su calor me consolaba el frío que calaba mis falanges. Sin apartar la vista de la chimenea, estiré mi brazo para agarrar el trozo de madera que recogí, pero tras varios intentos sin éxito, decidí girarme por completo y alcanzarlo sin más demora. En ese mismo momento, pude apreciar una extraña sombra que se paraba amenazante frente a mí, lo que hizo que ralentizara cada una de mis acciones, y mientras sentía la llegada del pánico sobre mí, alcé mi vista y allí estaba él, mirándome fijamente, con los ojos inyectados en sangre.
Se trataba de la mascota de mi vecino, un pato gigante. Tenía sus alas extendidas y su cabeza erguida, en tono desafiante. Su pico era largo y consistente, de repente, soltó un graznido muy profundo, abriendo su pico de par en par. En mi mano, apretaba con fuerza el trozo de madera, mientras permanecía inmóvil ante tal diabólica figura, por un momento, aparté la vista de él para encontrar una salida que me permitiera tomar el control de la situación, pero el graznido de el pato se volvió mucho más agudo, lo que me hizo volver a mirarlo. En ese mismo instante, el pato se abalanzó contra mí, mientras agitabas las alas a un ritmo frenético, soltando algunas plumas a su paso. Yo no supe cómo reaccionar y me quedé inmóvil, soltando la tabla que tenía en mi mano, mientras que el pato se acercaba cada vez más a mis ojos con su pico.
En un acto reflejo, pude apartarme de la trayectoria del animal y caer al suelo, mientras observaba estupefacto, cómo el pato se adentraba en el fuego de la chimenea y se consumía mientras no paraba de aletear y gritar.
Fue entonces cuando los 4 agentes de la policía derribaron la puerta de mi casa y me acusaron por el homicidio del pato.
Créame Señor Juez, yo no maté a ese pato.
DAMAS Y CABALLEROS:
Siéntanse tranquilos y relajados y disfruten del blog de Bahngalion, donde se sirven relatos cortos con sabor a bilis, y se espía o divaga en las excentricidades del cotidiano vivir de mis vecinos.
Sin más preámbulos, espero que disfruten de éste, vuestro espacio en el cual pueden hacer públicos sus relatos.
Un saludo.
B.Bahngalion.
bbahngalion@yahoo.es
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